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30 de septiembre de 2005

Nadería

Palpar arrobas es tarea inmensa. Discusión frígida. Diálogo sin mal aliento, sin un qué-me-lo-repites, sin brazos/ojos/mueve/bocas.

Mirar un ojo cuadrado grande mediano chico, me deja ciegas las centellas. Los locutorios maltrechos:
ola bonita venezolana...
hOla pablo de españa...
se ha conectado un simio a la sala...


Y tú, sentada frente a los tragaluces infinitos. Y yo, miro distante. Absorto en cavilaciones de estilo click, clack, ENTER. Y que la gente se ame a través de las cuerdas electrificadas. Que los poros de la piel se cierren por ausencias fletadas. Que un falso contacto inunde las casas y las manos inchadas, baldías de todo peso morado.

Y siempre hay sitio en esta nadería y siempre hay rondas andando.

27 de septiembre de 2005

¿Serán las películas, será la música?

Quizá la calidad de las películas que he visto últimamente (no, seguro que soy yo) me han hecho llorar en ciertos puntos dramáticos de ellas mismas (será algo que yo traigo). Por supuesto que no son todas las películas que he visto, pero vi por ejemplo Fanny & Alexander y sin duda hubo puntos donde las lágrimas eran incontenibles.

También con la película belga/española 25 grados en invierno que vi reciéntemente. O al escuchar la explicación de ciertos versos de Trilce de César Vallejo. O al recordar algún suceso reciente o ya vagamente abrazable. Yo creo que incluso se puede llorar de cualquier cosa si uno se lo propone. Hasta de un chiste dudoso.

Cuando era niño y lloraba todo lo que podía, aunque quisiera, después ya no podía seguir llorando. Ya no había lágrimas, todas derramadas por la cara iban. Había todas ahí. Ahora la economía del mercado ha hecho un desastre en mí: ahorro lágrimas; pero las pago con intereses.

24 de septiembre de 2005

Paralel@

Hay un convencimiento en tu mirada,
un pez congelado que nada
en el espacio
que nos separa
que no se para.

Y ese convencimiento es como
un control remoto,
en el espacio
que me separa
que me separa.

En este otro espacio,
guaullidado por la suerte
semesepara, semesepara
mi idea fija de tu frente aislada,
como una calva mundo
desterrado a un otro paralelo
entre el espacio.



Que nos separa, que nos separa...

21 de septiembre de 2005

18 de septiembre de 2005

Humanildad

Tosdos sentados. Enfermera enfermedad enfermedadá. Leo y descompongo. Leo, cangrejo y los demás animables locos. Humanildad en la medida humana de lo posible. Caigo en un chargo del tamaño de mis zapathos. Vuevlen los muevles volando de volver. Caos, qué os, kios..., codos, quos. Maratón que corre laaaaargometro en la Pizarra infa-libre.

CONLA Humildad de venir aquí y contarte cosas.

9 de septiembre de 2005

Placas tectónicas

Cuando pienso, enjuicio. Cuando razono, determino. Cuando escribo, giro. Cuando giro, gallo. Cuando gallo, Francia. Cuando Francia, vanguardias. Cuando vanguardias, vienen civiles. Cuando civiles, nodecentes. Cuando nodecentes, corrupción. Cuando corrupción, noticiero. Cuando noticiero, noche. Cuando noche, canto. Cuando canto, agua. Cuando agua, vida o muerte. Cuando vida o muerte, dialéctica. Cuando diléctica, filosofía. Cuando filosofía, pienso. Cuando enjuicio, dictador. Cuando dictador, España. Cuando España vino a México, vinieron hombres, no España. Las placas tectónicas se mueven con respecto a otras por su propia constitución. Cuando las placas ceden al movimiento, se libera la energía almacenada en forma de ondas; es un fenómeno natural. Cuando fenómeno natural, no peros. Cuando no peros, callas. Cuando callas, silencio. Cuado silencio oficial, murmullos. Cuando murmullos, Pedro Páramo. Cuando Pedro Páramo, Juan ruló. Cuando ruló, fotografías. Cuando fotografías, verdad. Cuando verdad, mentira. Cuando mentira, ficción. Cuando ficción, paracaídas. Para caídas, morales. Cuando morales, gol.

4 de septiembre de 2005

El urinario de Marcel Duchamp

En 1917 Marcel Duchamp fue invitado por la galería Grand Central de Nueva York a formar parte del jurado de una exposición de artistas independientes. Sin informar a nadie, el propio Duchamp envió para exponer en esa exposición este urinario de porcelana blanca firmado con el seudónimo "R. Mutt". Cuando su Fuente fue rechazada para la exhibición, Duchamp renunció al jurado y el incidente causó un escándalo que sacudió al mundo del arte.

Con esta actitud provocadora Marcel Duchamp quiso mostrar su desilusión ante las formas tradicionales del arte, pintura y escultura, como medios de expresión, y su rechazo ante la idea de que el arte y el artista tienen una "naturaleza especial" distinta a la de los hombres y objetos ordinarios. Su gesto de enviar a la exposición un producto comercial fabricado en serie y firmado por un "artista" inexistente, se opone radicalmente a la sacralización de la obra de arte como "creación única e irrepetible", salida de las manos de un "genio". Este desafío "antiartístico" proponía romper con las barreras del arte y ampliar sus horizontes. En la defensa de su Fuente, Duchamp escribió:
Si el Sr. Mutt construyó o no con sus propias manos la Fuente no tiene ninguna importancia. Él la ELIGIÓ. Tomó un objeto de la vida diaria, lo reubicó de manera que se perdiera su sentido práctico, le dio un nuevo título y punto de vista y creó un nuevo significado para ese objeto.

El concepto artístico que Duchamp postula con obras como Fuente es el del ready-made, es decir "lo ya hecho" u "objeto encontrado". Es decir que encuentra objetos manufacturados que descontextualiza de su entorno común y a los que les otorga una nueva identidad. Con ello, Duchamp ubica la esencia del acto artístico en la IDEA y selección del objeto, no en la creación ni en la imagen visual de la obra. De este modo, el artista se libera de la manualidad y, por ende, de la técnica, que la tradición artística entendía como indisolubles del acto creador.

En su momento, y quizá todavía, obras como ésta se tomaban como una agresión. Marcel Duchamp usó este tipo de violencia para combatir las ideas convencionales del arte. Su actitud coincide con el movimiento dadaísta (Zurich,1916), en donde se cuestiona la validez del arte mismo. Duchamp y los dadaístas buscaron demoler las barreras entre el arte y la vida, declarando que cualquiera podía ser un artista y cualquier cosa podía convertirse en una obra de arte.

3 de septiembre de 2005

El desclasificador

Una vez un crítico de la literatura mientras hojeaba un libro de géneros y escuelas literarias, llegó a la conclusión de que nada de eso existía. Sin embargo, no proclamó tales palabras como simples disparates dadaístas o como un erudito que ha encontrado la solución en el histórico problema de la literatura.

Ya nadie recuerda el nombre de tan sublime espíritu libre, ni siquiera los movimientos más radicales posterios a las segundas vanguardias del siglo XX. Fue un destello de bella abstracción concretizada.

Uno de sus muchos argumentos propuestos es que no hay corrientes ni escuelas y mucho menos movimientos literarios. Si alguien dice que dos poetas que nacieron incluso en la misma ciudad, el mismo año y hasta en el mismo barrio y son miembros de la misma escuela por tener ambos las firmas en un viejo papel manifestado, nuestro afable crítico nos diría que tal cosa es imposible. Dos espíritus no promulgan nunca la misma oración formulada. La poesía no es suma matemática.

Y así, llegó a la conclusión de que cada escritor era su propio movimiento, escuela o gesto. Con un aparato crítico difílmente razonable para otro censor literario. Porque incluso, había establecido que cada crítico era individual e independiente a los demás críticos de su época, aun de los ulteriores críticos. Los resultados de cada juicio artístico serían sólo legibles para el propio interesado en dicha crítica. Propoponía incluso los mismo preceptos para el lector...

De esta manera fue separando a los vanguardistas individualmente. A tomar a todos los realistas y naturalistas por separado. A cada aparente poeta romántico como... y así sucesivamente hasta los jeroglíficos y las pinturas rupestres.

Su tarea fue rápidamente vista como imposible desde un principio. Nadie sabe a qué resultados llegó y si realmente habría marcado una revolución en la clasificación o mejor dicho desclasificación de la Literatura y en un sentido más amplio, del Arte. ¿Qué habría conseguido además? Una ruptura total en el entendimiento arístico que hubiera llevado al caos si otros hubiesen aplicado las mismas técnicas y procedimientos irracionales. Debemos catalogar las escencias atemporales presentes en la obra de arte. No hay más.

2 de septiembre de 2005

Elsa

Felisberto Hernández

I
Yo no quiero decir cómo es ella. Si digo que es rubia se imaginarán una mujer rubia, pero no será ella. Ocurrirá como con el nombre: si digo que se llama Elsa se imaginarán cómo es el nombre Elsa; pero el nombre Elsa de ella es otro nombre Elsa. Ni siquiera podrían imaginarse cómo es una peinilla que ella se olvidó en mi casa; aunque yo dijera que tiene 26 dientes, el color, más aun, aunque hubieran visto otra igual, no podrían imaginarse cómo es precisamente, la peinilla que ella se olvidó en mi casa.

II
Yo quiero decir lo que me pasa a mí. ¿Y saben para qué?, pues, para ver si diciendo lo que me pasa, deja de pasarme. Pero entiéndase bien; me pasa una cosa mala, horrible: ya lo verán. Sé que por más bien que yo llegara a decirla, ocurrirá como con la peinilla y lo demás; no se imaginarán exactamente, cómo es lo malo que me pasa; pero el interés que yo tengo es ver si deja de pasarme tanto lo malo que se imaginarán, lo malo que en realidad me pasa.

III
Elsa no es precisamente, una de las tantas muchachas que no me aman: ella no me amará dentro de poco tiempo, porque ahora ella me ama. Nos hemos visto muy pocas veces; ella está muy lejos; nuestro amor se mantiene por correspondencia; pero yo tengo la convicción, yo afirmo categóricamente, yo creo absolutamente -ya explicaré ampliamente por qué tengo esta fiebre de afirmar- yo vuelvo a afirmar que dada la manera de ser de ella, dejará muy pronto de amarme, porque ella no podrá resistir el amor por correspondencia. Yo sí, pero ella no.

IV
De lo que ya no existe, se habla con indiferencia o con frialdad; pero yo hablo con dolor, porque hablo antes de que deje de existir y sabiendo que dejará de existir: recuérdese cómo lo afirmé.

Cuando espero algo, siento como si alguien -llámese Dios, destino o como quiera- tratara de demostrarme que la cosa que espero no llega o no ocurre como yo esperaba. Entonces, cuando yo tengo interés en que una cosa no ocurra, empiezo a pensar que ocurrirá, para burlarme de ese alguien si la cosa llega u ocurre, para hacerle ver que yo la preveía; y él por no dar su brazo a torcer no me da ese gusto y la cosa ocurre; pero he aquí que al final triunfo yo, porque precisamente lo que más deseaba era que no ocurriera. También debo decir que ese alguien suele sorprenderme dejándose burlar, y que yo triunfe aparentemente y quede derrotado íntimamente: pero esto ocurre las menos de las veces.

Para ser franco, diré que yo no creo en ese alguien, que a ese alguien lo creamos, y para crearlo lo suponemos al revés y al derecho. Pero cuando nos encontramos frente a un gran dolor, volvemos a pensar al revés y al derecho por si llega a ser cierto que existe. Ahora yo pienso que a lo mejor existe, y que a lo mejor no da su brazo a torcer, y por llevarme la contra hace que no ocurra lo de que ella deje de amarme, puesto que yo afirmo que ocurrirá. Así mismo tengo temor de que ese alguien se deje vencer y la cosa ocurra como en las menos veces: pero yo tengo más esperanza del otro modo: al revés que al derecho. Tendría esperanza aun cuando viera que estoy a punto de que ella no me ame; pues con más razón tengo esperanza ahora que ella me ama normalmente.

Bueno, en total quiero dejar constancia de que tengo la convicción, de que afirmo categóricamente, y que creo absolutamente, que Elsa se diferencia de las demás muchachas, en que ninguna de las otras me ama, y que ella dejará muy pronto de amarme.

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