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30 de agosto de 2006

Solo como la una

Mi pequeña Amélie, no tienes huesos de vidrio. 
Puedes soportar los golpes de la vida. 
Pero si dejas pasar esta oportunidad, 
eventualmente, tu corazón llegará a ser
 tan seco y frágil como mi esqueleto.
Amélie

Sola como la una. Y se queda pensando si el semáforo sólo marca alto cuando está rojo. Se queda pensando. Pasan dos, tres coches, una bicicleta, un par de patines.

Se queda pensando. No es cierto que cuando morimos vemos pasar toda nuestra vida, desde la infancia hasta el momento de la muerte. No es cierto. Cuando morimos, es lo que hacemos y no hay tiempo para más. No. Cuando vemos pasar la vida es cuando estamos vivos. Como ella, mientras piensa ahí sentada, cuando está sola como la una.

Julio se lamenta haber nacido en estos tiempos. Cuando las mujeres salen con mujeres, cuando los hombres besan a los hombres, cuando los hombres quieren ser mujeres... para seguir besando a las mujeres. Cómo es posible que ese wey ande con esa vieja tan buena. Y Julio se lamenta. Porque en verdad no es eso lo que le preocupa. Desea tanto, que se olvida echarse andar. Se queda deseando.

Cuando el reloj no marca ya otros caminos y la cuerda se corta, se acostumbran los horarios. Solo como la una, dicen, estando tan cerca del dos.

28 de agosto de 2006

Alimenta la alegría

El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.
Fiodor Dostoievski

¿Para qué ponerse la cobarta, si el que atiende a los clientes es el mismo burdo y juguetón que olvidó cómo amarrar sus zapatos? ¿Para que venir y proclamar unidades de persona, si en el camino ya te pones los audífonos fragmenta mundos? ¿Para qué el esfuerzo si ya te sabes sal?

¿Entonces para qué sales a la calle, miras las palomas y haces reír a los niños? ¿Para qué te enamoras en instantes que duran boletos de autobús? ¿Para qué abrir la ventana cuando hace calor o cerrarla cuando se inundan las calles?

¿Entonces para qué pides alegría, si te empeñas tanto en alimentarla con melancolía? ¿Para qué?

25 de agosto de 2006

Minuto a segundo

If you can understand what I'm saying, you're not paying attention.
Notre musique

Today, too, I had an experience that I hope I shall understand in a few days' time.
Det perfekte menneske


El amor de mi vida pasa frente a mí. Flota buscando remedios que el pasado se encarga de escoder en sus roperos. Minuto a segundo te despojas de color y carne, estrategia inútil del que se sabe cuerpo.

Mi poética es victimaria. Derrotado, la belleza aumenta el batallón de heridos desvanecidos, barcos hundidos de alerta arrojada. Hube recorrido entonces los jardines hipocondríacos que florean otros finales. Laurel que se cuela a los suspiros malabares.

Se hace llamar experiencia
y descube los hombros
como señal destino. Así inclina
sus cabellos lacios sobre
mis hombros pendidos. Liso
a una vertical esperanza
mi abecedario de frustraciones
y sueños. Ilumina la noche,
intercambio de oscuridad
por vacantes extravíos. Así
mi amor me pierdo, empeñando
la posibilidad de prender
la luz.

6 de agosto de 2006

Que reste-t-il de nos amours?

Estoy decidido a terminar de ver la serie de Antoine Doinel. Ya sólo me falta El amor en fuga, hace unos días renté Domicilio conyugal y es irremediable mi admiración por Truffaut. También vi hace como quince días El hombre que amó a las mujeres. El mismo Doinel habla sobre la forma en que Truffaut considera la vida a través del cine: de lo particular a lo general. Son los detalles los que nos muestran al ser humano y no como en Hollywood, que es el ser humano que se define en las grandes aventuras, esa es la diferencia con el cine europeo. En ese sentido el cine canónico europeo es más literario y el gringo es más plástico.

¿Qué pasa cuando se fija como objetivo lo cotidiano, entonces se eleva, se transforma al fijarse? ¿Deja ser cotidiano?

3 de agosto de 2006

Mapaches


Hay un club muy particular que reúne a todos sus miembros los lunes primeros de mes en el Parque Hundido. Al pensar en el lugar, uno podría decir que se juntan para hacer yoga, aeróbics, tae kwan do o cualquier otro ejercicio que saque las toxinas del cuerpo. Pero este grupo no es así. No sé ni cómo se llaman, pero una vez que pasa trotando debajo del fresno, donde suelen congregarse, fingí un calambre y escuché disimuládamente su plática. Hablaban sobre pájaros, pero ninguno de ellos utilizaba la jerga propia de los zóologos, biólogos o demás estudiosos de las ciencias naturales. Mientras más escuchaba los relatos de cada persona, mayor era mi estupefacción. Este era un grupo que se juntaba para compatir las "experiencias místicas" con las aves.

Primero pensé que aquello se trataba de una descarada congregación de zoofílicos unidos por las alas o algo así. Aunque, para mi sorpresa y alivio, el origen y centro de su charla era algo retorcidamente distinto. Estas personas decían poseer revelaciones hechas por las mismas aves. Los ruiseñores, palomas, golondrinas o demás pájaros urbanos volaban juntos a ellos por algunos segundos y después desaparecían. La experiencia que escuché por parte de Katy, la secretaria, 27 años, soltera, fue que una mañana mientras salía a tirar la basura, un canario posó ante ella sobre el bote de basura y tan rápido como llegó se fue.

Varia y diversas eran las historias contadas aquella mañana, todas relacionadas con estos misteriosos e indescifrables encuentros con las aves. ¿Qué cosa más rara puede existir y aparentemente metafísica que un pájaro te revele algo? Bueno... Eso creía yo hasta que esta mañaba un colibrí se detuvo literalmente en el aire ante mi total asombro, por ¿10 segundos? ¿Qué hace un colibrí en esta ciudad tan contaminada? ¡Mi patio ni si quiera tiene plantas!

Después de vivir este inesperado evento pensé que podía asistir al grupo para contar esta asombrosa experiencia. Pero días después pasó algo funesto. El mismo colibrí, reconocí su color y tamaño, se suspendió ante mí. Sin pensarlo acerqué rápidamente mis dos manos y lo atrapé. Justo en ese instante, toda la energía de sus alas se apagó de repente, fulminadas por la tibia cavidad de mis manos.

No tuve ningún encuentro después con otros colibríes o pájaro alguno. Ni si quiera un cuervo o zopilote. Mi depresión fue tan grande que ahora coordino un grupo que se junta todos los domingos primeros de mes en el mismo parque. Mapaches es el nombre del club que espera más asistentes.

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