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8 de febrero de 2007

El amor a los veinte años

El título de esta entrada corresponde al filme donde apareció el cortometraje de François Truffaut Antoine et Colette. Es también la segunda parte de la saga del emblemático Antoine Doinel, uno de los personajes más carismáticos del cine francés del siglo XX.

Cuando uno empieza una relación se pregunta si la otra persona tiene el corazón sano, quiero decir que si está totalmente dispuesta a abrirse ante la otra persona, ¡ábrete sésamo! O si piensa en alguien del pasado todavía, todavía, todavía. Una relación puede ser posible cuando ambos deciden no intentar otras aproximaciones románticas con demás gente y que sólo tendré ojos para ti, mi cielo. Bien, podríamos hablar mil horas sobre la monogamia y los descubrimientos más recientes de los sexólogos Master & Johnson... También podríamos discutir los "hay cararajo, con qué criatura me vine a topar" de los posteriores tres meses de enamoramiento que se va hundiendo como el Titanic. No obstante, en este caso si las dos personas tenían el corazón sano, no aplica, porque simplemente ambos (o uno) se dieron cuenta de que no son tan almas gemelas como ellos pensaban al principio y tan amigos como siempre. Aunque yo me pregunto si realmente las almas gemelas están hechas por el destino o si las parejas más o menos perfectas se construyen día a día a día a día.

Para mí el amor no es como lo esperaba a los trece años por ejemplo. Mi historial romántico ha sido muy distinto al que yo imaginaba, pero aún así lo aprecio de buena gana. No he tenido una relación larga en mi vida, o lo que muchos llaman "una unión amorosa chingaquedito" o un "es verdad que la costumbre". Posiblemente, hoy estoy listo para tener una relación a largo término, al menos es lo que me dijo Madame Zazou cuando marqué al 01-900-diez-pesos-el-minuto (¡ni loco!). Muchas veces, cuando era más joven (uy que grande soy...) confundí la atracción con el amor, lo ideal con lo real y la violeta con la morada. Y si lo pienso bien, la incertidumbre que existe siempre sobre el futuro sigue siendo la misma que cuando tenía trece años. Pero ahora he vivido muchas experiencias que me ayudarán a mantener una relación más real, alegre, divertida, estable, saludable, proactiva, memorable, económicamente autosuficiente, socialmente aceptable, sexualmente ejemplar y notablemente madura. Tengo una tesis: cuando yo le gusto a alguien y ella también me gusta a mí, tomaré tal sentimiento como fuerte atracción. Después consideraré el enamoramiento y ahora sí, unos cuantos meses después pensaré si tal cosa es amor. Como si tales especulaciones funcionaran, ¿no? Aunque hay que ser precavidos, uno nunca sabe cuándo puede contraer un severo espamo cardíaco más bien tirándole a mariposas en el estómago.

Bien, mi corazón está sano, las experiencias brotan, no sé que sucederá ni quién llegará ahora o nunca, mientras tanto... Hay películas que son mi pasatiempo. ¿Vemos una?

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