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5 de marzo de 2007

Mente sana en cuerpo sano

Cada vez que me acerco a este sitio virtual, en los últimos días, he intentado escribir un cuento que mucho tiene que ver con esta cuestión del Aqueronte de José Emilio Pacheco. No obstante, ya tengo varias días sin sembrar coles de realidad, venga la cosecha:

Bueno, no recuerdo si ya mencioné que terminé de leer Un mundo para Julius y gracias a este texto, tendré como parte de mis imprescindibles a Alfredo Bryce Echenique. Así pues, cumplí mi promesa de comenzar a leer a Marcel Proust y su Por el camino de Swann. Me estoy quedando absorto en cada página y veo la magnitud contemporánea que esta obra mantiene.

Tengo un muy buen plan para repasar todas las materias que tuve a lo largo de la carrera, cada día haré una entrada, quizá aquí, quizá en word, redactando un resumen de cada asignatura. Para esto tendré que releer mis apuntes, copias, libros y demás material obtenido en cada curso. Considero que es una buena estrategia mnemotécnica y académica para ganarle terreno al del olvido no me acuerdo.

Otras cosas más. Tengo poco de más de una semana yendo a hacer ejercicio a un gimnasio cerca de casa. Planeo estar ahí un año. ¿Por qué? Algo de historia:
En la antigua Grecia el gimnasio era el local destinado a ejercitar tanto las facultades físicas, desarrollando la fuerza y la agilidad, como las morales, cultivando la inteligencia.
En un principio, el gimnasio sólo consistía en un terreno cercado o cerrado cuyo interior se dividía en zonas para los diferentes ejercicios. Así era el antiguo de Elis según lo describe Pausanias, constituyendo por su forma una sencilla ágora.

Posteriormente, a medida que la arquitectura se desarrollaba se transformaron dichos locales. Se construyeron con elegancia, sus puertas y paredes se cubrieron de pinturas y entonces, comenzaron a servir a demás de para los ejercicios corporales para los intelectuales pues allí se reunían los filósofos, retóricos y literatos citando a sus discípulos y dándoles conferencias sobre temas literarios y científicos. Comprendían entonces los gimnasios salas cubiertas, paseos en sombra, galerías, pórticos, columnatas, baños y cuanto el refinamiento del gusto podía exigir para aquella concurrencia.

Todas las ciudades de Grecia de alguna importancia tenían su gimnasio situado a las afueras y junto a algún bosque por lo general. Atenas poseía tres gimnasios. La Academia, que en su origen fue un terreno pantanoso de la Cerámica. El Liceo, al que se llegaba después de atravesar el Iliso. El Cinosargo, situado en la colina de igual nombre.

Como ves, no estoy nada perdido.

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