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16 de octubre de 2007

La historia de mi abuela

Mi niña nació de noche, por la mañana,
el norte la concibe y el sur la llama
y el sur la llama.
Daniel Viglietti

Mi abuelita era una niña. En ese entonces todavía no era mi abuelita. Cuando era pequeña, vivía lejos de su padre. Su padre vivía lejos de la madre de la niña. Mi abuelita. Muchas veces, cuando su padre pasaba por la calle caminando, sus tías le decían:

-Mira niña, ese es tu padre.

Ella tenía tres, cuatro, siete u ocho años, no lo sé. Cuando su padre caminaba por la calle y sus tías lo advertían, mi abuelita tenía miedo.

Pero esa niña no vivió siempre en aquella ciudad del sur. Su madre un día decidió mudarse a Guadalajara. Entonces, pasaron los días llenos de evangelios, repiques, miel y nietos. La niña se asomó olor a iglesia.

Un día mi abuela decidió volver a su primera ciudad, la de los niños pesqueros de monedas escurridizas, con aeroplanos que recogen niños para llevarlos al cielo, nunca te subas con esa gente que no habla cristiano, o que regalan comida fastuosa en los barcotes de lujo, quizá por eso es cocinera. Al ver a su hija, supo que traería hasta tataranietos trás de ella. Cuánta familia. Cuántos años esperando al padre que había de llevar a la novia.

Mi abuelia entonces adoptó una costumbre sin inocencia ni trama, sería ella una Reina Maga, que llevaría regalos a su padre cada año. Pero un año volvió y no encontró ya el santuario de sus viajes. Aquel hombre al cual renegaba de querer, aquel que no se hiciera cargo de una cría había desaparecido como quien camina y da vuelta en la esquina. Resonó pues desde la otra calle, el fantasma que espanta a mil y una familias mexicanas, "en vida hermano, en vida". Una de las hermanas de mi abuelita, manita, le dijo que su también padre (con el que sí vivió todos los días), decía que:

-Llevo muy presente a mi hija Reinita. Me acuerdo mucho de ella.

En esos momentos hermanos y hermanas, la tristeza y la dulzura se hacen trilce. Pero lo dulce le gana a lo triste escribió ya un poeta. Entonces, así fue como yo vi por primera vez llorar sin miedo ya, a la niña, mi abuela.

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