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27 de agosto de 2008

¿Cómo debería ser la vida?

Supongo que sí, que hay etapas en las vidas de las personas donde necesitan (quizás no es el verbo que usarían) o necesitamos, apartarnos de la luz. ¿Pero es verdad esto? ¿Cómo es posible evitar crisis, depresiones, confusiones y demás conflictos? Quizá la pregunta es errónea, quizás el error es evitar el conflicto. Quizás estamos acostumbrados a escuchar que el conflicto es un error, cuando por el contrario, es una oportunidad. ¿Una oportunidad, para qué? ¡Para tener luz! Lo más cabrón que hay. Por algo alguien dijo que lo más fácil es la apatía, la mediocridad, los impulsos, étc. ¡Hay que alejarse de lo fácil! Lo más fácil es estar triste, dejar para mañana lo que puedes hacer hoy, no esforzarse, cerrar los ojos y dejar que la inercia te lleve. No hay esfuerzo en dejarse llevar por la corriente. Dijo Don Quijote que la cordura puede ser una locura, pero que lo más loco de todo es ver la vida como es y no como debería ser.

25 de agosto de 2008

Castillos en el aire

Si me pusiera a escribir mis cotidianidades, haría un post muy largo hoy y la verdad es que cada vez me interesa menos hacerlo. No sé si es por el tiempo, o si el blog ya dio lo que tenía que dar.

Mi adolescencia comenzó un poco más tarde de lo normal, diría que entre los 15 y los 16 años. Cuando algunos compañeros de la primaria ya le torcían el cuello al ganso, yo todavía jugaba bebeleche en la calle con mis amigos de la cuadra. Ahora tengo 25 años y siento que tengo ya un caudal de conocimientos que dan cierta estabilidad a mi vida, en un sentido emocional, de identidad, laboral y de proyectos a futuro. No soy todavía quien quiero ser, pero ya voy en camino. Seguro vendrán tropiezos, caídas y hasta descalabros, pero la vida da en el mismo sentido las antítesis a estas aparentes calamidades. Oportunidades diría yo.

Dicen que uno arrastra con sí el mismo temperamento desde que se nace. En mi caso, no estoy tan seguro de esto, mi personalidad ha cambiado algunas veces. No así mi identidad, que la siento misma. He pasado de la introversión a la extroversión, del rancherismo a la soltura. He tenido rachas de buen conversador a otras de sacro hermetismo. También de ser oídos para mis amigos o extraños a abrirme ante cualquiera que quisiera escucharme. No sé, creo que la definición inflexible es igual a momificarse.

Y no es que esté enamorado, porque antes de estar de veras enamorado ya escribía de esta manera. Es sólo que ahora me dedico a construir los cimientos para los castillos que construí en el aire. A veces es necesario empezar al revés.

21 de agosto de 2008

Embriaguez de lo mínimo

Lo que queda es tu olor
en mi almohada
como tatuaje temporal
de mis sueños

Lo que queda es tu rostro
como huella asaltada
por mis manos, recorrido
suave en el jardín de la noche

Lo que queda es tu retrato
sobre una vela infame,
finita, raída por su
consumación de vanguardia

Lo que quedan son tus
cicatrices que beso
en cascadas, a tientas
de ceguera y gruta

Lo que doy es un amparo
al taller de tus tristezas
a las ramas que anclan
al cielo su saliva
y llora la savia declarada
en los Derechos Humanos
como una exquisita belleza
para los inculpados sin culpa

Lo que queda siempre
es la libertad para hacer
las cosas o no

Para deshacerlas
Para mantenerlas
Para tomarlas de la mano
Para admitirlas imperfectas

Entonces, las cosas,
se arrastran por las nubes
de nuestro cuerpo inmóvil
que espera, que late,
que late, que espera
no quemarse en el sol
cada vez que lo toca
-¡cómo quema!-

¿Qué queda en las manos?
La turbia razón humana,
tan podrida que reverdece

Lo que queda es entonación
de la digestión de las olas
que rompen en la cama

Somos los niños que rezan
su oración nocturna,
su esperanza callejera,
somos los niños que quedan
abriendo los cajones
de la desproporción entre
la salvación por beso o
la destrucción por vacío total

Por eso amo lo que queda,
lo que aún no para,
seguir amando o
seguir persiguiendo
en una inobjetable
embriaguez de lo mínimo

De lo esencial.

9 de agosto de 2008

En el Instituto y en la Universidad

Federico García Lorca

La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.

Dime
si el aire te lo dice.
Mañanita fría
yo me puse triste,
y luego me entraron
ganas de reírme.
No te conocía.
Sí me conociste.
No me conociste.
Ahora entre los dos
se alarga impasible,
un mes, como un
biombo de días grises.

La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.

2 de agosto de 2008

Seamos sinceros

Escribo como quien realmente
está ganando la batalla irreal

Como quien ha expropiado de sí
las alteridades más vagas
y admira al que salva al mundo
en cada pregunta sin respuesta
y sigue siendo consecuente aún
cuando espera la señal de luz

No es inaudito
poblar de verdades
al alma o poblar
al alma de verdad

Escribo como quien confunde
la mentirosa verdad con la verdad
sinceramente, y dice

Viva la vida.

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