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10 de noviembre de 2011

De la cantidad de menesteres y pormenores que se pueden hacer en un día común de otoño del año de nuestro Señor

Ver una película por la mañana. Llevar a tu abuelo al banco a cobrar su pensión. Llevar a tus abuelos al homeopata para que les den una medicina para vigorizar su memoria. Volver a casa. Mandar invitaciones para un evento importante a tus amigos, por medio de facebook. Bañarte. Comer. Trasladarte por el Periférico de la ciudad. Dar una clase privada de español. Volver a casa. Decidir cuál será la actriz para una película que estás haciendo, después de ver los videos grabados del casting. Dar instrucciones a tu equipo de producción. Meter tu ropa sucia a la lavadora. Salir. Aprenderte la letra de una canción en inglés por la radio. Ir al otro lado de la ciudad. Preparar un programa de radio. Pregrabarlo mientras conversas por messenger con una vieja amiga en teleconferencia. Terminar el programa. Salir corriendo para llegar a tiempo a la presentación de un libro que tus ex compañeros de la carrera presentan en el FCE. Saludarlos de volada al termina la presentación. Partir echo un cohete hacia otro punto lejano de la ciudad para preparar el evento del sábado con el dueño del lugar. Cenar. Volver a casa. Leer un capítulo de la novela que tienes pendiente. Recordar que tenías ropa en la lavadora, tenderla. Y por último, leer un poema que habías escuchado un día antes en la radio de la universidad y te había echo sonreír. Venir y publicarlo aquí:

La luna 
Jaime Sabines

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir


Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

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