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28 de julio de 2013

¿Puede usted decirnos cómo ha llegado a este grado de comprensión?

Pregunta: ¿Puede usted decirnos cómo ha llegado a este grado de comprensión?

Krishnamurti: Me temo que tomaría mucho tiempo y puede resultar muy personal. Primero que nada, señores, yo no soy un filósofo, no soy un estudiante de filosofía. Pienso que uno que es meramente un estudiante de filosofía, ya está muerto. Pero he vivido con toda clase de personas y he sido educado, como tal vez sepan, para desempeñar cierta función, cierto cargo. Y eso, nuevamente, significa “explotador”. También fui el jefe de una organización tremenda creada en todo el mundo para propósitos espirituales; y vi la falsedad de eso, porque uno no puede guiar a los hombres hacia la verdad. Sólo puede tornarlos inteligentes por medio de la educación, lo cual nada tiene que ver con los sacerdotes y sus medios de explotación, las ceremonias. De modo que disolví esa organización; y, viviendo con la gente y no teniendo una idea fija acerca de la vida ni una mente atada a un trasfondo tradicional, empecé a descubrir lo que, para mí, es la verdad y es la verdad para todos: una vida que uno pueda vivir sanamente, cuerdamente, humanamente; una vida no basada en la explotación, sino en las necesidades. Sé lo que necesito, y eso no es mucho; por lo tanto, si para ello trabajo cavando en un jardín o hablando o escribiendo, eso no tiene gran importancia.

Primero que nada, tiene que haber un gran descontento, un gran cuestionamiento, infelicidad; y muy pocas personas en el mundo, cuando están descontentas, desean acentuar ese descontento, pasar por él a fin de descubrir. Por lo general, desean lo opuesto. Si están descontentas, desean la felicidad, mientras que yo -si se me permite ser personal- no deseaba lo opuesto. Deseaba descubrir; y así, paulatinamente, a través de diversos cuestionamientos y de una continua fricción, llegué a realizar eso que uno puede llamar la verdad o Dios. Espero haber contestado la pregunta.

¿Qué es la recta Acción?, Pláticas en Nueva Zelanda, 1934. Auckland, Plática a hombres de negocios, 6 de abril 1934.

26 de julio de 2013

Disolver la nación-nacionalismo

Para abolir la pobreza ustedes tienen que pensar como seres humanos, no como seres nacionales. Sólo puede existir la humanidad, no la cruel división de razas y el absurdo infantil del nacionalismo. ¿Por qué no es posible dar origen a un estado de cosas así, feliz, inteligente? ¿Quién lo impide? Cada uno de ustedes, porque piensa en términos de Chile, Inglaterra, India o algún otro país. Tal como las creencias dividen a la gente, así han dejado ustedes que las fronteras destruyan la unidad del hombre. Sobre cada uno de ustedes y no sobre una cosa indefinida llamada la masa, recae la responsabilidad de producir la unidad.

K.

25 de julio de 2013

22 de julio de 2013

El que busca encuentra

Vegetariana o en todo caso, flexitariana. Amante de la lectura. Que sepa andar en bicicleta. Ordenada y limpia. Graciosa, con una risa torpe, libre. Aspirante a estudios de posgrados o ya en ellos. Entre los 24 y los 30 años. Con aficiones varias, diferentes a las mías pero que compartamos algunas. Inventiva e indagadora. Con iniciativa, autonomía y compasión. Observadora, inconformista y audaz. Tierna pero a su vez, fuerte. Madura pero también frágil. Que acepte sus errores y sepa señalar los otros. Tranquila y ligera como un bosque por momentos, o incendiaria y dura en otros. Liberal. Ecuménica. Dispuesta al misterio.

Estatura entre mediana y alta. Delgada. Y:
    No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

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